Acontece que...
Me he pasado la vida dando adioses, cerrando puertas y entreabriendo ventanas bajas. Y sé que un abismo duele más que una muerte a mediodía, cuando sucede de repente o despacito o no sucede nunca...
Me he pasado la vida dando adioses, cerrando puertas y entreabriendo ventanas bajas. Y sé que un abismo duele más que una muerte a mediodía, cuando sucede de repente o despacito o no sucede nunca...
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Tu sonrisa se me ocurre lejana y la recuerdo con la nostalgia de estar consciente de que empiezo a olvidarte...
A esta altura de mi vida puedo asegurar sin titubeos que soy una delirante calificada.
A toda hora deambulo perdida en bifurcaciones que me distraen y regocijan, y que de a poquito me llevan donde pretendo querer ir. Saboreo mis remolinos. Soy entretenida, a veces ridìculamente cerebral, y es tan placentero inventar nuevos dolores, renovar los antiguos, y dejarme abrazar por mis trampas solitarias.
Algo queda de toda esa mezcolanza: versos,cuentos, cantos, dibujos, reflexiones rancias, golpes de claridad, risotadas a destiempo o sincronizadas, abrazos postergados, sexo atolondrado, bohemia insìpida... Esta enumeraciòn caòtica que se derrama en miles de recuerdos, pero miles y miles, detalles tan nìtidos como imponentes, incontables datos que llegan a cada segundo trayendo aromas, reveses del color, rayas, declives, ganchos al hìgado..., y nada me satura, todos los datos vienen por turnos, cuando son necesitados y cuando llegan sin llamar a la puerta de la conciencia; vienen a cumplir su misiòn de elaborarme, de templar un poco màs mis entrañas y no dejar que me desparrame, de sostenerme en vilo y trasladarme cada dìa al siguiente tramo de delirio, de ilusiòn, de escenario en que degollarè el silencio con mis jeroglìficos sonoros y gritarè que no sè romperme.
Nada ha hecho mella real, estas marcas en el pellejo son de utilerìa, estoy intacta. Aùn le apuesto a la madrugada con llovizna y nunca me ha importado menos que ahora el desatino de mi existencia, me vale muy poco haber fallado o acertado en la tarea, me regocijo en mis desfalcos y soy brutal en mi ceguera; los descalabros sufridos son minucias del destino que el tiempo arrastra sin pausa, aserrìn, cascadas marchitas.
Y de pronto veo que el mundo a mi alrededor no se ha detenido aunque cojea y me le uno en su ritmo sincopado. Me crecen ojos en las tripas para ver mi mierda formarse, y me crecen ojos en mis manos para ver las flores que he de robar del huerto del vecino.
Y acaricio los amores perdidos desde el clìmax de la ira, pero no los maldigo màs allà de mi lengua, pues de alguna manera son los trofeos que llevo incrustados al espinazo.
Tampoco me arrodillo, no clamo a los aires, no me planto bajo la lluvia, camino, avanzo, no desespero, no cedo, no me quejo si azota el sol, no corto mis brazos, le subo el volùmen a la mùsica, bailo un tango sin saber hacerlo, tomo mi copa de un solo tiro, me embriago fàcil, dejo triunfar al bufòn que me ocupa, al infante que me habita, al indolente que me forja, al impasible que me hostiga, al monje que me arma, al vedugo con que avanzo acorazado, a la desprotegida que me ufana, al estruendoso que cae, a la arrogante que se aleja......
... Y pese a lo que pasa no lloro, no suelto una làgrima, soy puro quejido seco, lamento empolvado,rugido sin eco, promesa de ceniza...
... Y sueño, sueño ciclos, anhelos de absurda completud; entonces en algùn recodo del dìa oigo que alguien me llama por mi apodo, el nombre otorgado, el bautizo oficial que me ubica en este plano del que no soy ama ni escoria, y me planta esta volàtil aventura de existir por desventura, donde no soy invitada a los controles de mando y sin poder pasar carta de renuncia socialmente aceptada...
.... Y si el torbellino que me guìa està aplacando un poco, el hecho de oìr mi nombre desde una voz susurrada llena de eses y gravedades, me hace sentir que soy de hierro y paja, de arcilla hùmeda y bambù....
... Y por mì pasa el aire camino del aplauso y en mis ojos brilla un matiz de arena nueva...
Dejo entonces, de ser un saltimbamqui para ser la nada hecha carne, una odalisca detenida en plena vuelta de caderas. Me obligo a existir en las palabras pronunciadas, en esa, sì en esa precisamente, en una. Oigo mi nombre y es como recibir el conjuro que me orienta y salva. Por momentos la promesa reverdece. Triunfo entonces a mis miedos.
Todo suena revuelto en un murmullo. Ese nombre mìo que me diste es un sueño sin tiempo ni espacio, vanidad templada, infinita. Todo lo puebla, todo lo colma.......
.....y lloro......
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Hace algunos años estaba segura de saber exactamente dònde quedaba ubicado el centro del triángulo de las Bermudas. Difería de quienes pensaban que se localizaba entre la Florida; las Bermudas y el meridiano 40. Estaba convencida de que no se encontarba en parte alguna del Atlàntico, sino en mi vagina, porque hombre que allì entraba desaparecìa sin dejar rastro. Mi familia me contradecía asegurando que era mi "estupidez emocional" la auténtica culpable de las desapariciones. No es que yo no sea capaz de autoanalizarme ni que varios años sentada en un consultorio no hayan servido para reconocer mis psicopatologías. Pero pienso que ayudarse un poco con la levedad del sentido del humor en algo alivia el peso de las cargas dolorosas. Pasaron 48 horas exactas y escuchaba Cambalache en el estéreo, cuando grité a voz en cuello que haría un pacto con Dios, o con el mismísimo Satanás si fuese necesario, para que se cumpliera mi deseo de mantener una relación estable, hasta el momento en que recibí mensajes simultáneos de Dios y del diablo. Mi alarido por la mañana con ese asunto que involucraba a los antípodas acabó con la paciencia de mi familia, pues yo, reina del Festival de la Lágrima, estaba nuevamente viviendo una de mis tragedias griegas amorosas, cosa que a ellos siempre les costó trabajo entender. Ese día me sentí ofendida por su arraigado estoicismo y juré que no volvería a comentarles mi "maricadas sentimentales" como las llamaban ellos. Ese juramento lo cumplí hasta el día de su muerte. Por el contrario, mi amiga Ángela siempre se las arreglaba para subirme el ánimo. Esa tarde se sentó frente a mi computador y llenó con datos falsos, un formulario de un servicio de buscaparejas. Me explicó que no lo hacía para conseguirme marido, sino más bien para mostrarme lo divertido que era reírse de las fotografías que la gente tiene el coraje de publicar en servicios como ese. Me explicò también que podìa comunicarme con cualquiera de esas personas en el salón de chat, obviamente utilizando un nombre falso por aquello de la seguridad. Decidí que el seudónimo perfecto para mí sería Ícaro, ya que siempre que quería acercarme al sol, terminaba ahogada en mi propio mar de lágrimas. Mientras Ángela buscaba algo en su cartera, el computador empezó a sonar. Un galàn virtual quería comunicarse conmigo. Me acerquè a la pantalla y decìa "El Arcàngel Gabriel desea hablar con usted".... hice click! Cumpliendo mi juramento jamàs le comentè a mi familia sobre mi relación con Gabriel, quien resultó llamarse así y a quien conocí personalmente en un café después de dos meses de encantadoras charlas virtuales y otras tantas llamadas telefònicas. Realmente veìa a Gabriel como a un ángel y pensaba romànticamente que algún día hasta podría ver sus alas. Mi familia llegó una mañana sin anunciarse, abríó la puerta y nos encontró desayunando. Jamás sabré si lo que sintió fue vergüenza por lo que consideraron imprudencia o indignación porque no les había dicho nada, yo que antes les contaba todo. Salieron corriendo, salì tras de ellos para decirles que se tomaran un café con nosotros. En medio del tráfico, un perro negro atravesó la calle. Ellos, que amaban a los animales se preocuparon tanto por el perro que no vieron llegar los carros que los atropellaron. Grité "Dios" y al unísono uno de los conductores gritó: "diablos". Mi familia murió instantàneamente. Cosas del diablo, supongo... o de Dios... Gabriel resultó ser casado. Mientras termino de escribir, mi esposo David duerme. Cosas de Dios, supongo. A mi lado está su viejo perro negro, llamado Satanás. Si no fuera un perro, juraría que se está riendo. Si pudiera hablar, estoy segura de que me diría que hay que tener mucho cuidado con la especificidad, con lo que se desea, con lo que se le pide a Dios, porque de pronto se cumple.
| Escribir es una forma de exorcizar mis demonios. Este medio dìa alguien hizo que cayera en cuenta de que necesitamos móviles externos para entender que estamos vivos. La única forma de enfrentarnos a la vida es fijar los ojos en la muerte, quiero decir: asumirnos como seres pasajeros, efímeros, inconstantes y completamente superficiales. Tocar fondo no es otra cosa. Y la ùnica posiciòn posible luego de estar acostados es hicar las rodillas y empezar a levantarnos. Con paciencia toma tu cuerpo, ponle una camiseta que lleve tu nombre y si no te paren alas, pues cósetelas que hasta los artistas de circo deben colocarse disfraces, y la vida es eso cambiar de disfraz cada vez que lo necesitemos y de acuerdo a la ocasiòn..... Con la camiseta de tu nombre sal a pasear, a ver la luna, a dar de comer a las palomas, a saltar desde los bancos del parque o a re-aprender a volar desde las terrazas de los edificios, esa es la ùnica forma que conozco de vivir: reinventarse a tiempo y cada vez con mayores oportunidades, a veces cuesta, yo lo sè, sè lo que significa sentir que fallaste o que el amor ya no se hizo para tì, y luego de un tiempo, mucho o poco, descubres que no es que el amor no se hizo para tì ni tù para èl, lo que pasa es que no siempre te topas con alguien que lo defina igual que tù y que lo piense como tù, entonces surgen los problemas. Pero la idea es darle siempre la cara de costado o de frente pero darle la cara, si Jesucristo puso la otra mejilla, tù ponle el pie, la espalda, el costado, o lo que sea pero no te quites tu camiseta que si te pillla desnudo te hace daño, y con tu nombre siempre, para que sepas que eres tù lo que importa, para que quien se acercerque a tu vida sabiendo que tù eres lo importante, sabiendo que todo el que te llegue debe golpearse primero contigo para poder desnudarte. Volar es una forma de vivir, aunque no siempre se puede ver la vida desde lo alto, puedes subir 20 pisos y al menos ponerte gafas para creer que es distinta, no mejor ni peor, solo distinta. Un abrazo, desde mi piso 29 |
Me preparé toda la vida para no terminar en esto. Nacì sin pedirlo, un dìa en que Dios estuvo borracho. Aprendì un lenguaje, me ceñí a unas normas, asistí a sus clases, juguè con esos niños. Me enseñaron a amar a Dios sobre todas las cosas pero he jurado su nombre en vano màs de una vez. Nunca santifiquè las fiestas porque mi timidez me mantuvo lejos del baile y el licor. No robè por cobarde y no matè porque nadie lo merecìa. El recuerdo de mis actos impuros estuvo lejos de hombres alegres, sustancias psicoactivas, acosos o perversiones; no fui una santa por convicciòn sino porque las circunstancias nunca fueron propicias. Siempre desée el hombre del pròjimo sin que se diera cuenta. Sembré un árbol que afectó las bases de mi casa. Intentè escribir muchos libros, cometì poesìa, prosa, ensayo y hasta tuve el descaro de escribir una historia boba como esta que tù estàs leyendo. Nunca tuve un hijo porque conmigo tengo suficientes problemas que soportar, por eso elegí una hija. Crecí aprendiendo de todo para no vararme nunca y lo conseguí; luché por no cumplir horarios esclavistas, por no aguantar jefes déspotas, por ser libre. Critiqué a los flojos y conchudos; a quienes se endeudan y no pagan; a quienes viven de los demàs. Hoy me veo en ese espejo y me quedo callada mientras voy rumiando mis crìticas y me las trago amargamente, sin rubor. Enfriè mi corazòn despuès de mil amores platònicos y de dos experiencias amargas; comprendì que el amor es un autoengaño, un juego de costumbres y roles sociales, al final siempre estamos solos. Me envolví en el poder del dinero atrapada por su anzuelo provocador, hice y deshice apoyado en los brazos del crèdito pero aquellas manos generosas se cerraron hasta asfixiarme; con el dinero se marcharon la paz, el amor y la esperanza. Decidí trabajar pero mi ausente talento para resisitir la rutina manchò mi hoja de vida con pasos efìmeros, mi instinto cerrò las puertas a la burocracia y por ende al èxito laboral. Mi ambiciòn me llevò a Nueva York y me devolvió al asfalto. Mi tristeza me invitó a volar sobre una represa; clavarme en la chimenea de esa vieja locomotora que tanto me sedujo desde niña; alquilarme como terrorista àrabe; encender la cerilla abrazada a un viejo cilindro, cortar, inyectar, destrozar y demàs estrategias de verbos catabòlicos. Me preparè para cambiar el mundo y hoy veo impotente còmo otros lo hacen con la astucia y la constancia que no tuve. Abatida doy vueltas en mi cama mientras veo pasar la vida de canal en canal, flagelada con realities y modelitos multitalento. Busquè con què vivir asesorando a la gente para que lograran hacer con su dinero lo que yo nunca pude hacer con el mìo. Merecì el tìtulo de pesimista por mi obsesiòn de prevenir el fracaso; algunos me oyeron, otros prefirieron seguir soñando. En mi falaz tiempo libre fui al cine a ver las pelìculas que habrìa podido hacer, escuchè en la radio las canciones que quise componer, leì en la prensa lo que escribì y lo que hubiese querido escribir. Luchè por mi carrera escogida al azar del fantasma capitalista, a la cual le debo que me paguen por pensar y modelar sueños ajenos. Construì caminos dispersos emprendiendo tantas cosas, tantas luchas, buscando no caer en esto. Abandonè un sueño tras otro; mi orgullo se avergonzò de mì, la fe se deshojò completa, mi horòscopo agotò sus astros, mi flor de loto nunca abriò, mi bola de cristal rodò al abismo y el genio de la lámpara aùn duerme plácido e indiferente. Sin embargo, aquì sigo rebotando de historia en historia sin apostar por nada, sin rencores pero con oscuros remordimientos. Lo siento por mi padre, mi madre y todos mis patrocinadores; lo siento por mi esperanza ausente y por mis sentidos que mañana tendràn que despertar y escuchar a Silvio cantar a aquellos humanos conformes con la propiedad privada, la familia y el amor; mientras que otros, sin ninguna de las anteriores, sin àrbol, sin libro, sin hijo; sentimos que al fin y al cabo es mejor errar para tener aunque sea algo de què arrepentirnos. |